The Last Trace
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La llegada de Knathos. Las líneas.

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La llegada de Knathos. Las líneas.

Mensaje por Amo y Señor del Universo el Dom Feb 21, 2016 6:57 pm

Dioses, una idea complicada.

Año 2024, 21 de Febrero, Miércoles.

Son ya varios meses los que pasaron desde que el mundo se vio envuelto en una nube de caos, inopia y desesperación. Todos los credos que anhelaban conocer el mundo y, sobretodo, el porqué de este, vieron destruidas todas sus teorías.
Ninguno se salvó de una autoritaria y magnánima verdad. La teología contemporánea se vio frustrada por todas sus equivocaciones, como también se vio la ciencia moderna. Ideas embaucadoras que navegaban por una tela creada a merced de la realidad.
Knathos fue el que estableció el caos en las ideas de la sociedad. Afirmando poseer la verdad en sus palabras doblegó a la sociedad e impuso lo que se conocerían como las ''líneas''. Estas vieron la luz en una emisión que se apoderó como un virus de todos los medios de comunicación. Una voz profunda hacía vibrar de maneras nunca vistas un conjunto de cuerdas que mutaban de color continuamente llegando a motivos imperceptibles por el ojo humano.

- ' Mi nombre es Knathos, de la rama Eférida, hijo de la creación y la destrucción. Portavoz de las líneas que a vosotros siempre fueron escondidas. Lleváis sumergidos en un letargo muchos años, el mundo ha continuado sin vosotros desde el comienzo de vuestro sueño. Pero se os ha ocultado. ¿La razón? Erais la esperanza, un reducto de virtud que podría enfrentarse a las adversidades del mundo, no con violencia, si no con raciocinio. Pero vuestra creación fue demasiado valiosa como para perderla, de manera que se os puso a prueba en lo que vosotros conoceréis como historia y que nosotros conocemos como Proyecto Fausto.
>> Vuestro absoluto fracaso es evidente. Las guerras asolaron vuestras vidas en tiempos anteriores y ahora se camuflan perdiendo lo que ninguna civilización había perdido antes, la libertad. La infelicidad os consume. Os cegáis con el poder, un poder que, por supuesto, no ha tenido nadie. Ni nadie tendrá. En vista de estos resultados, la única rama que hasta ahora no había abandonado el proyecto y que aun os proveía de ''energía'', la rama Eférida, os deja a vuestra suerte con la esperanza de que pronto dejéis de existir, vosotros, la especie más corrupta que ningún mundo había acogido.
Aunque yo, Knathos, aun confío en la inocencia de algunos de vosotros, es por ello, que, antes de marcharme para no volver, os honro con las bases de la verdad
.'

   El comunicado acabó con esa palabra, que quedó suspendida en la mente de todos los seres humanos. Se trataba de una linea continua que casi se podía vislumbrar, se escuchaba y se veía, pero nadie sabía reconocer lo que estaban escuchando y viendo. Solo se sabía que era una línea.
Los días que proseguían a lo que se conocería como 'El comienzo' mezclaban la agonía, la desesperación y la serenidad en un conjunto heterogéneo de personas que deambulaban por la tierra. Como había anunciado Knathos, el primer dios llegado a la tierra, la energía desapareció por completo. Ni siquiera el fuego podía avivarse. Los tanques de petróleo, carbón y pólvora quedaron inservibles. Ningún dispositivo eléctrico funcionaba, las comunicaciones se cortaron y ahora la sociedad no podía conocer más allá de sus propios límites físicos.
  La gente pululaba por las ciudades desorientada, buscaban comida, cobijo, calor y la comprensión de otro ser humano. Pero nadie podía pensar con claridad, sus pensamientos se veían atravesados por aquella interminable línea.
Al cabo de unas semanas, la comida comenzaba a escasear y, con ello, las revueltas comenzaban. Pero parecía que todo aquel dispuesto a robar y a matar por algo que llevarse a la boca se veía incapacitado, sin fuerzas. Eran seres prácticamente inanimados, vagando entre grupos, amenazándolos sin efecto alguno.
Poco a poco, estas nuevas personalidades comenzaron a desaparecer. Nadie sabía por qué, pero las calles estaban cada vez más vacías. Las circunstancias parecían resolverse y la densidad de población cayó de manera drástica.

 Pero no fue hasta hace un mes, cuando todo dio un vuelco y la idea de Dioses volvió a encerrarse en las conversaciones.
Algunas personas comenzaron a sentir como la línea se iba expandiendo poco a poco en lo que parecía una telaraña de líneas. Las migrañas hicieron que estos individuos acabaran encerrados en alguna casa, tirados en mitad del campo o, simplemente, escondidos en callejones. Muchos de ellos murieron de altas fiebres pero, los más afortunados, consiguieron luchar por la vida, intentando romper la red que les impedía pensar con claridad. Pero lejos de romperla tan solo se quedaron atrapados en ella. Embaucados por la complejidad de los trazos y la inteligencia que deslumbraban.
Uno de los primeros que logró levantarse se llamaba Nailo. Era un anciano venerado por la comunidad que le rodeaba. Este hizo llamar a todos y, cuando se hallaron juntos, anunció solemnemente:

- El poder y la verdad no se pueden conseguir. - Acto seguido juntó sus manos de manera que ambas palmas quedaban mirando hacia arriba y, cerrando los ojos, prendió una llama de fuego azul del tamaño de una rueda.- Pues son inherentes a nosotros.


Amo y Señor del Universo
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